sábado, 14 de octubre de 2006
Le han vuelto a negar el Premio Nobel de Literatura a Mario Vargas Llosa, una vez que el jurado del prestigioso galardón sigue empeñado en dar más valor a la ideología de la izquierda que a la literatura, y esta vez decidió premiar al escritor turco Orhan Pamuk por su denuncia del exterminio armenio, un genocidio reconocido por la Asamblea de Francia y que acaba de abrir una nueva brecha entre la Unión Europea y el Gobierno de Ankara. Mario debe esperar otra vez, a ver si en Estocolmo se olvidan de su paso por la política de Perú, recordando la máxima de Camilo José Cela —también castigado— de que “el que resiste gana”. Y Mario Vargas Llosa debe resistir porque se merece ganar. Máxime en estos tiempos tan malos para la literatura y para las libertades porque se ha puesto de moda eso de seguridad por encima y por delante de la libertad, como si fuera algo nuevo en la Historia para los máximos señores del poder y de la guerra.

De la misma manera que parece peligrosa cualquier alusión al Islam, y no digamos a su profeta Mahoma, para evitar problemas que van desde el Vaticano pasando por la ópera de Berlín y hasta por las fiestas de Moros y Cristianos de Alcoy, una vez que el terror de los fanáticos ha hecho mella en las sociedades de Occidente. Pero sobre todo una vez que estos fanáticos han encontrado en las guerras ilegales de Afganistán, Iraq y Líbano —guerras con las que Bush ha querido vengar los atentados del 11S— los argumentos necesarios para conseguir un enorme apoyo popular en muchos países del mundo. Guerras y conflictos que tienen su origen en la crisis de Palestina, donde precisamente Vargas Llosa ha mantenido una posición valiente y justa que le ha valido los ataques de los más fanáticos de Israel, precisamente por ser un escritor e intelectual que está más que comprometido con la democracia y con la libertad.

Cuando la literatura, la política y la ideología van de la mano el resultado es malo para todos, pero sobre todo para la libertad y para la sociedad. Lo que ahora ocurre con la Academia del Nobel también pasa en España con los galardones oficiales de todo orden, e incluso con los más selectos salones de la intelectualidad —que diría el castizo— como es el caso de la Real Academia de la Lengua, donde sólo entran los afines al clan que hoy tiene la mayoría —la izquierda cultural afín al Grupo Prisa—, como en los tiempos de Franco pasaba lo contrario. Y el resultado de todo ello es que no están todos los que son, y sobre todo hay muchos que no deberían estar, motivo por el cual la Academia ni brilla, ni limpia ni da esplendor.

Y quien habla de la literatura lo mismo puede decir del periodismo. En España no se puede ir por libre —salvo en Internet— y los heterodoxos, iconoclastas y disidentes están mal vistos por doquier, llámense Boadella, Trevijano o Umbral. “Se acabaron los gitanos que iban por el monte solos”, decía Lorca. Y en esta profesión del periodismo, tal para cual. Ahora los informadores o los comentaristas se colocan en los medios no por su valía, experiencia o capacidad sino por la cuota femenina, de partido, de periódico, de nacionalista, o por su capacidad de militancia fanática al servicio del PSOE o del PP, para apoyar siempre a los suyos, pase lo que pase, sea mentira o verdad. Se monta, por ejemplo, un programa en televisión de debate o tertulia y todos estos elementos son los que entran en juego, y no hay manera de escapar, porque si te desvías hacia terrenos de la independencia acabas siendo un personaje sospechoso, nada de fiar.

Mario Vargas Llosa, que es un hidalgo escritor, no se quejará y pensará eso de otra vez será. Y seguirá trabajando, incansable como es, en el periodismo y la ficción, y cuando se canse de esperar a lo mejor escribe una novela sobre los trucos y las trampas que ya se conocen en la Academia del Nobel —Crimen en Estocolmo— que seguramente a los suecos les gustará aunque a los académicos les enfade, y les estará bien empleado porque si más que la literatura lo que se lleva es la política y la realidad, lo tendrán merecido y los muchos millones de lectores de Vargas Llosa se divertirán.
Publicado por Desconocido @ 0:12  | Opinión
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios