Donostia.Ha estado ausente 30 años y ha vuelto con una obra de 3.000 páginas a la que le han llovido los premios y las buenas críticas.
Me he ausentado por voluntad propia, pero el entorno me ha ayudado. Cuando me retiré ya tenía trabajos hechos y publicados, pero parece que a la gente hay que darle alpiste todos los días. También me he sentido marginado y olvidado. No han sido unos años demasiado agradables. Pero no me puedo quejar, porque lo había elegido yo. Ahora me ha llegado todo esto, y está siendo algo realmente bonito. El premio me ha sentado estupendamente, de momento, no me ha salido ninguna alergia.
¿Desde cuándo le acompaña la literatura?
Siempre he vivido de un empleo normal. Estuve trabajando en la oficina de la fábrica de gas y también en una editorial. Empecé a hacer mis pinitos en literatura con 20 años. Creo que me salía bien. Además, tenía una abuela que me animó. En estos casos, las abuelas son imprescindibles. La literatura ha sido un hobby constante. Nunca he vivido de escribir ni ha sido lo más importante, mi familia siempre ha ocupado el primer lugar.
¿Dónde halla mayor satisfacción?
En el hecho de crear. Escribir los libros es suficiente premio, es muy bonito. Amo la paz y la tranquilidad, cualquiera no sirve para ser escritor. Para escribir Verdes valles, colinas rojas hace falta vocación de monje.
¿Tiene alguna manía de escritor?
Siempre escribo en casa. Antes creía que tenía la manía de escribir por las mañanas, en el arranque del día, pero últimamente me he dado cuenta de que también puedo escribir por la tarde. Las manías no son serias, no fundamentan nada.
¿Qué ha inspirado la trilogía?
Verdes valles, colinas rojas está escrita desde la libertad. He creado la obra sin ataduras. Es una especie de testamento de mi filosofía de vida, un compendio amplio de lo que he sentido sobre mí y sobre mi entorno, sobre mi país, sus costumbres, el nacionalismo... Y he denunciado la explotación del hombre por el hombre.
¿Qué historias le ocupan ahora?
Tengo entre manos una novela policíaca, género que me ha encantado desde joven. Me faltó poco para convertirme en escritor de novelas policíacas de quiosco. Con 20 años empecé a escribirlas y me encantaba, luego mi camino se torció y he terminado siendo un escritor serio. Yo quería haber sido creador de historias negras, veremos lo que pasa...
¿Los galardones le han supuesto un aliciente para seguir escribiendo?
Los premios hay que entregárselos a jóvenes, a escritores que empiezan. Los que me han dado ahora satisfacen, pero no alteran nada. El camino está marcado. El Nacional de Narrativa me lo tenían que haber concedido cuando era un joven de 20 años para haber seguido con más fuerza.